La historia de Alejandro Salomón, creador del canal de YouTube «Salomundo»

16 de mayo de 2021

La historia de Alejandro Salomón, creador del canal de YouTube «Salomundo»

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La historia de Alejandro Salomón, creador del canal de YouTube Salomundo

Cómo se hizo millonario el YouTuber Salomondrin

En el año 1996, un joven mexicano que vivía en una familia de clase media se ve obligado a buscar entre los cajones de su casa algo de dinero para poder comprar comida, sintiéndose frustrado y marcándose como propósito trabajar arduamente para conseguir su propio dinero y brindar una mejor calidad de vida a su familia. Hoy en día, dicho joven se ha convertido en un exitoso empresario y cuenta con populares canales de YouTube donde comparte su trayectoria, su vida y su pasión por los autos de lujo… ¿Cómo lo logró?

El protagonista de esta historia es Alejandro Salomón, más conocido como Salomondrin, quien nació el 7 de diciembre de 1984 en Ciudad de México.

Alejandro creció en una familia de clase media constituida por su madre y su hermano, ya que su padre murió cuando él tenía aproximadamente 4 o 5 años de edad. Por este motivo, el colegio privado en el que estudiaban él y su hermano les otorgó una beca durante toda la escuela, con el fin de aliviar la carga financiera de la familia, que atravesaba una difícil situación.

En el colegio, el chico notó que algunos de sus compañeros tenían ciertos privilegios que otros no, y que siempre disponían de dinero para satisfacer sus necesidades.

Una tarde, al volver a casa, sintió mucha hambre y su madre no pudo darle dinero para que se comprara algo de comer. Buscando en los cajones de su casa encontró algunas monedas, pero este hecho lo llevó rápidamente a la conclusión de que la falta de dinero era un problema esencial en su hogar, por lo que se propuso a poner todo su empeño para ganarlo y así no pasar hambre y brindar una mejor calidad de vida a su familia.

“Ahí es cuando me di cuenta: aquí hay algo mal. Aquí lo que falta es comida. ¿Qué falta para tener comida? Dinero. Nunca pensé: ‘voy a hacerme rico, voy a ser millonario’. Pensé que necesitaba trabajar porque necesitaba dinero.” -Dijo Salomón en una entrevista.

Descubriendo su pasión por las ventas y los negocios

En cierta ocasión, un conocido le intentó vender las populares zapatillas Fila Grant Hill, de moda por ese entonces. Él, cómo no podía permitirse comprarlas, le propuso que se las diera para intentar venderlas en su colegio a cambio de una comisión. Su idea era vender tantas como le fuera posible para poder comprarse unas.

Al comienzo, el vendedor se mostró desconfiado, pero Alejandro tenía un gran carisma y un fuerte poder de convencimiento, así que este terminaría aceptando.

El acuerdo fue un completo éxito. En unos pocos días logró vender una gran cantidad de pares entre sus amigos y demás estudiantes, ganando así lo suficiente para comprar las zapatillas que quería y descubriendo su talento para las ventas y los negocios.

A sus 16 años, el joven desarrolló una gran pasión por los automóviles deportivos. Soñaba con tener algún día un McLaren F1 y anhelaba ir a cuanto evento tuviera lugar en territorio mexicano. Como eran pocos los festivales que por entonces se organizaban en el país, solía asistir a las agencias de autos para observar y hacer preguntas a la gente del medio, de esta forma consiguió entablar amistad con un negociante europeo, que le manifestó que él podría traer a América cualquiera de los autos de lujo que se pudiera apreciar en agencias o revistas.

Salomón tuvo por un largo tiempo esas palabras en su mente, y, un día, en casa de un amigo, el padre de este expresó su deseo de adquirir un Ferrari 360, a lo cual Alejandro respondió que él era capaz de conseguírselo por medio de su “nuevo socio europeo”.

El padre, así como en el pasado el vendedor de zapatillas, se mostró escéptico de que alguien tan joven pudiera encargarse de un asunto de esa índole. Sin embargo, terminaría confiando en Alejandro, quien cumplió su palabra y obtuvo su primera comisión en la venta de automóviles.

Los siguientes años, el joven se la pasaría efectuando negocios como intermediario, dejando de lado sus estudios. Sus maestros lo dieron como un caso perdido, pero lo dejaban tranquilo en la parte de atrás del salón haciendo sus ventas de automóviles, que ofrecía a los padres de sus compañeros más adinerados.

Emigrando a Estados Unidos en busca de oportunidades

Al terminar la escuela, uno de sus mejores amigos decidió irse a estudiar a la ciudad de Nueva York. En un impulso juvenil, y sin medir las consecuencias de dejar su zona de confort en Ciudad de México, también se fue a probar suerte en Estados Unidos.

En un principio, las cosas no fueron del todo bien. Alejandro no sabía en qué emplearse y de qué manera invertir los ahorros que poseía de sus primeros emprendimientos, los cuales eran significativos, pues gracias a sus grandes habilidades como vendedor había podido estabilizar la economía de su hogar y ahorrar bastante.

Comenzó a pasar mucho tiempo en el gimnasio y se le ocurrió la idea de convertirse en instructor, pero no lo pudo llevar a cabo por la falta de un permiso. Su amigo le sugirió obtener una visa de estudiante para conseguirlo.

Mientras buscaba qué estudiar, recordó su gran admiración por actores como Eugenio Derbez y Héctor Suárez, así que ingresó a una escuela de actuación cuya matrícula costaba $10 mil dólares al año y por medio de la cual pudo obtener su visa de estudiante.

Al concluir sus estudios en la escuela, consideró que California era un mejor lugar para incursionar como actor que Nueva York, por lo que se mudó a la ciudad de Los Ángeles.

Una vez allí, descubrió que las oportunidades como actor eran realmente difíciles de conseguir, y más cuando no se es uno de aquellos guapos galanes con los que las productoras están acostumbradas a trabajar. A pesar de eso, existían grupos de personas que, sin ser ese tipo de actores, se estaban abriendo un camino en la industria cinematográfica luchando contra los estereotipos, como Jonah Hill, quien escribía sus propios proyectos y empezaba por la época a tener reconocimiento.

Este hecho motivó a Alejandro y lo condujo en el 2007 a no sólo buscar trabajo como actor, sino a escribir sus propios guiones y realizar sus primeros trabajos audiovisuales, e incluso a buscar opciones como productor o colaborador, ya que su trabajo como vendedor nunca se detenía, y en Los Ángeles pudo conocer muchas personas a las que conectaba con inversores en diversos proyectos audiovisuales, de ventas de compañías y de automovilismo, generando así importantes ingresos por comisiones.

Durante varios años estuvo trabajando en distintas producciones como escritor, director, actor y productor. Estas le permitieron aumentar aún más su capital y descubrir que sentía una gran pasión por la creación de contenido audiovisual de alta calidad.

Con todo el capital que iba a acumulando, se preguntó a sí mismo:

“¿Ahora qué debo hacer? ¿Qué hacen las personas ricas con su dinero? ¿Cómo lo invierten?”

Sus primeros pasos en el mundo de las inversiones

Un amigo le sugirió realizar inversiones en los mercados de valores, algo que Alejandro hizo, pero en el peor momento posible, ya que justo en el 2008 ocurrió una de las mayores crisis financieras de la época moderna en los Estados Unidos. Dicha crisis lo llevó a perder buena parte de su dinero. Afortunadamente, reaccionó a tiempo y retiró sus inversiones de la bolsa para preguntarse de nuevo: “¿Qué hace una persona rica con su capital?”

Luego de investigar mucho y conversar con sus amigos y conocidos, llegó a la conclusión de que invertir en propiedades era uno de los movimientos más típicos de las personas ricas, y con 25 años compró un edificio con el objetivo de obtener ingresos de las rentas.

“La gente cree que me compré ese edificio siendo súper inteligente, que invertí en propiedades porque soy un genio. NO. Invertí en propiedades porque tenía miedo; estaba perdiendo dinero de acá y de allá, entonces mínimo si voy a perder dinero, puedo tocar el dinero que voy a perder.” -Contó el joven.

Una vez le fue entregado el edificio, instaló una oficina y empezó a planificar sus próximos pasos. Dos años más tarde tuvo un gran golpe de suerte. A su oficina llegaron unos hombres interesados en comprar el edificio. Como Alejandro manifestó su negativa en dos ocasiones, a la tercera los hombres le dijeron: “Señor Salomón, todo el mundo tiene un precio, ¿Cuál es el suyo?”. Ante esta oferta de película, se asesoró y pidió un precio exorbitado, muy por encima de lo que él había invertido. Para su sorpresa, el cliente pago sin pestañear el valor que solicitó.

Con el dinero obtenido, compró dos nuevas propiedades, una en West Hollywood y otra en una zona bastante alejada que, intuitivamente, le pareció una buena inversión. Su intuición se vería confirmada cuando dos semanas después el golpe de suerte del primer edificio se repitió con el nuevo; esta vez unos agentes chinos de la compañía DJI le ofrecieron otra cifra exorbitante por la propiedad. Cuando esto ocurrió, algunos de sus conocidos vieron en Alejandro a todo un experto en la compra-venta de bienes raíces, pero él se burlaría manifestando que había realizado las compras de una forma mucho más inocente de lo que podía parecer.

A partir de allí, siguió invirtiendo por varios años en finca raíz, comprando, vendiendo y alquilando todo tipo de inmuebles.

Incursionando en la creación de contenidos para YouTube

Por aquella época, también se propuso a explotar sus habilidades como narrador de historias. Quería mezclar su personalidad, con su experiencia escribiendo y leyendo decenas de guiones, entonces creó un canal en la naciente plataforma de Youtube.

Como primer reto, apostó con un amigo a que él sería capaz de hacer un video sobre teléfonos celulares que el primer día tendría 1.000 visitas. El amigo aceptó la apuesta y consideró que era casi imposible que lo lograra; no obstante, el video llegaría a tener, sólo en el primer día, 37 mil reproducciones. Sin embargo, este hecho no dejo de ser más que una anécdota, y aunque hizo por un tiempo contenido para el canal con varios gadgets tecnológicos, nunca sacó beneficio monetario de él, pues en aquel entonces Youtube no monetizaba sus videos con publicidad, así que eventualmente dejo de lado el proyecto.

Dos años después, en el 2010, se animó volver a YouTube creando “Salomondrin”, un canal dedicado a la reseña de lo que más le apasiona: los autos de lujo, los cuales, el emprendedor ha ido adquiriendo gracias al dinero obtenido con su trabajo y sus inversiones.

Su objetivo principal era divertirse compartiendo su pasión con los demás, ya que en ese momento a nadie le gustaba compartir en internet los autos deportivos que compraban.

En dicho canal subió poco a poco contenido de autos de marcas como Ferrari, Lamborghini, McLaren, Rolls Royce, Porsche, Ford, Aston Martin y Tesla, entre muchas otras. En sus videos, caracterizados por hablar amigablemente y sin tantos tecnicismos, Alejandro cuenta sobre su experiencia con todos estos coches, discute sus ventajas y desventajas, y comparte al público sus apreciaciones sobre los componentes del vehículo, el diseño y la historia detrás para adquirirlos.

El canal tuvo tanto éxito, que alcanzó rápidamente el millón de suscriptores, y actualmente está por alcanzar los 2 millones.

En octubre del año 2017, se encontraba de camino al aeropuerto con uno de sus amigos y encontró en una pantalla el logo de Telemundo, la cadena de televisión en español de Estados Unidos. Al verlo, le dijo a su amigo: “Algún día voy a hacer algo así, y se llamará Salomundo”. La broma se haría realidad cuando decidió crear una versión en español de su popular canal sobre autos de lujo, titulándolo así: “Salomundo”. El éxito del canal para el público latino fue incluso mayor que el del anterior, y a los 7 días ya contaba con 100 mil seguidores, a la segunda semana 200 mil y al mes 1 millón. Hoy en día, el canal posee más de 4 millones de suscriptores y sigue en crecimiento. Allí comparte todo tipo de anécdotas, reseñas de automóviles, consejos de emprendimiento y, en una que otra ocasión, ha contado cómo ha conseguido ser tan exitoso.

Aprendiendo de sus errores

Pero no todo ha sido color de rosa en la vida de Salomón. En distintas ocasiones ha fallado en sus negocios o le han ocurrido cosas poco agradables, como en el 2010 cuando intentó crear una red social de deportes, para la que realizó toda la campaña de marketing, logrando llevar a ciudad de México a Leonel Messi para el lanzamiento. Sin embargo, la falta de conocimientos en el medio y el poco enfoque en la usabilidad de la aplicación hizo que ésta fuera un fracaso, produciéndole grandes pérdidas a él y sus socios.

En el 2018, creó su propia marca de coches. Se trataba de unas camionetas Ford Raptor modificadas con grandes lujos, pero éstas no tuvieron acogida por su alto valor. No obstante, entre los lujos que Alejandro añadía, se encontraban unos rines que él mismo fabricaba. Los rines fueron un completo éxito, y llegaron a vender una gran cantidad de estos, haciendo que pivoteara su modelo de negocio y dedicara su empresa al diseño y venta de rines de lujo.

A principios del 2019, su automóvil McLaren Senna, uno de sus favoritos y por el que había hecho grandes esfuerzos para conseguirlo, se incendió en extrañas circunstancias, ocasionándole un gran impacto psicológico y alejándolo por un tiempo prudente del mundo de los denominados super cars.

Pese a estos desafortunados sucesos, siempre se muestra optimista y trata de extraer de cada situación valiosas lecciones para aplicar en sus siguientes negocios.

Alejandro siempre ha pensado fuera de la caja, y es consciente que plataformas como YouTube no van a existir para siempre, por eso ha intentado aprovechar su éxito en la plataforma para impulsar su marca personal, creando un sitio web para amantes de los autos e invirtiendo en una amplia variedad de negocios, tales como su propia marca de relojes llamada “Gorilla”, una marca de ropa, CBD, THS, rines, un mezcal llamado “Alerón”, y una marca de agua de manantial. Además, suele trabajar a menudo de la mano con grandes empresas como asesor de marketing, poniendo en práctica sus años de experiencia en la creación y posicionamiento de marcas.

Empresario millonario y exitoso

Actualmente, Alejandro tiene 36 años y cuenta con una fortuna personal de más de $25 millones de dólares. Día a día, se dedica a gestionar todos sus negocios, a subir nuevo contenido a sus canales de YouTube y a sus redes sociales, mientras vive en su lujosa casa en Texas junto con su esposa, Belén Salomón, quien lo ha apoyado en todos sus emprendimientos. Asimismo, Alejandro también apoya los emprendimientos de ella, como su propio canal de diseño y estilo titulado “Stylebybelen”, o su marca de ropa para mujeres.

Así concluimos la fascinante historia de Alejandro Salomón, o Salomondrín, un apasionado emprendedor mexicano que, pese a las adversidades, comprendió a temprana edad que debía trabajar con persistencia, visión, creatividad y determinación para alcanzar la vida que quería, logrando construir varios negocios exitosos y convirtiéndose en millonario en el proceso. En sus propias palabras:

“Le tenemos mucho miedo a emprender. Le tenemos muchos bloqueos y obstáculos como latinos, ya sea en Estados Unidos o en nuestros propios países. Por eso creo que escuchar a las personas que lo han logrado, sus historias y cómo lo han hecho, le va a dar a la gente la energía necesaria para emprender.”

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Este articulo tiene 2 comentarios

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ESO Bilbao delete 9 de junio de 2021, 2:42

Interesante historia, sí señor.
Nada resulta imposible si se tienen recursos y ambición para ello.

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Sam Jonsib delete 14 de junio de 2021, 10:49

Autos geniales y mucho dinero ... Cuando se trata de autos de lujo, solo hay una cosa que me confunde (sin contar los precios disparatados). Esto es indagar en ellos. Entiendo que las personas que pueden pagar esos juguetes también pueden pagar el servicio. Pero la belleza de los autos de clase económica es que, en caso de problemas, puede sumergirse bajo el capó usted mismo y, de acuerdo con las instrucciones del https://club.autodoc.es?type=2&manual_id=2501 , armar todo a su manera. Para hacer esto con un Ferrari tienes que ser un loco enamorado de los coches.

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