Aristóteles Onassis: De lavaplatos en Argentina a "El griego de ORO".

Aristóteles Sócrates Onassis, fue el hombre más rico del mundo durante varias décadas del pasado siglo. De él se decía que su paquete de acciones era de tal magnitud, que si hubiese decidido vender todos sus títulos de golpe a finales de los años cincuenta, se hubiera tambaleado el índice Dow Jones.

Onassis, empresario y armador, nació el 15 de enero de 1906 en Esmirna -hoy Izmir- (Turquía). Hijo de Socrates y Penélope Onassis, su padre era un rico comerciante de tabaco, cuya familia había vivido en la ciudad de Esmirna durante muchas generaciones. Las hostilidades entre turcos y griegos obligan a emigrar a su familia.

A los 23 años, su padre lo envía a Buenos Aires con unos dólares en el bolsillo y algunas cartas de recomendación para unos griegos, ocupados en la importación de tabaco.

En sus humildes orígenes, rentaba un cuartito en una pensión de la calle Corrientes, Argentina, a pocos metros del obelisco, y soñaba con hacer fortuna como importador de tabaco. Onassis siempre tuvo una máxima: la ambición. Llegó a Argentina en 1923, y realizó diversos empleos.

Comenzó a trabajar a los 17 años en un restaurante como lavaplatos, le pagaban muy poco, pero tenía un empleo y ganaba algunos pesos. Su pensamiento estaba en escalar posiciones y tratar de multiplicar los ingresos; fue por eso que renunció como lavaplatos en el restaurante y pasó a ser cocinero del ferrocarril.

Después de trabajar como cocinero, pasó a ser peón de albañil y buscó un nuevo empleo, para ello presentó la solicitud en la Unión Telefónica y unos días después lo llamaron para entrar como electricista. Trabajó en la Compañía de Teléfonos del Rio de la Plata. Después de un tiempo, un compañero le comentó que se podían filtrar las conversaciones de los pasadores de apuestas. Esta noticia caló hondo en el pensamiento de “Ari” que lo adaptó a una nueva forma de ganar dinero. Inmediatamente pidió ser transferido al turno de noche.

Así empezó con el “espionaje telefónico”. Una noche escuchó una conversación en inglés en la que dos financieros hablaban de la repercusión que produciría en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires la compra por parte de un grupo de Estados Unidos del más importante negocio frigorífico de la Argentina.

Al día siguiente, Aristóteles, se conectó con un corredor de Bolsa, le dijo que comprara 2.500 acciones. La sorpresa del corredor se manifestó, cuando liquidó las acciones en sólo 48 horas y a tres veces el valor de compra. El comisionista le preguntó a Onassis dónde había sacado la información, pero este se negó a decirla.

Este primer negocio le dio unos 7.000 dólares - mucho dinero para ese entonces- y luego decidió invertirlo en un nuevo negocio que fue la importación de tabaco desde su tierra natal. A pesar de la ganancia obtenida, no dejó su trabajo como telefonista.

Con el dinero invertido y varios dólares que le quedaban alquiló un hermoso departamento de la avenida Alvear, se compró ropa y comenzó una nueva vida de empresario.

Sus primeras operaciones fueron de importación de tabaco turco y griego, tarea que conocía muy bien por su padre. Utilizó los contactos de la familia en este sector, y en dos años aumentó la proporción de tabaco balcánico fumado en Argentina en un 35 por ciento.

Arrancó su fortuna en Buenos Aires con el tabaco griego, que disfrutaba en Buenos Aires de cierta reputación. Incluso se lo consideraba entre los de mejor calidad, pero sólo lo conocían unos pocos, debido a problemas en la importación.

Existía un mercado "insatisfecho", y era allí donde Onassis encontraría su primera oportunidad como empresario. Escribió a su padre y se presentó a sí mismo como el introductor ideal del tabaco griego en la Argentina. Tenía los contactos, conocía el negocio, disponía de capital. El padre suspiró complacido por descubrir que Ari hubiera sentado cabeza, y despachó el primer embarque.

Los primeros pasos fueron decepcionantes . Onassis distribuyó muestras entre varios fabricantes menores de cigarrillos, pero no pasó nada. Sin desanirmarse planeó una nueva estrategia, recurriendo a sus dotes de relacionista público. Buscó el contacto apropiado que lo llevara al despacho de Juan Gaona, Director propietario de Piccardo una importante tabacalera del país.

Desplegando su astucia de vendedor Onassis convenció al acaudalado empresario que incluyera tabaco griego en la mezcla de sus cigarrillos. Incluso esbozó ante Gaona algunas ideas publicitarias para el lanzamiento de las nuevas marcas.

Gaona, que además de conocer su negocio era un buen catador de hombres, percibió que ese joven griego tenía algo especial, que auguruba un excelente futuro. Onassis obtuvo su primera orden de compra por U$S 10.000 dólares, para entonces una cifra fabulosa (un auto 0 km. costaba 2.000 dólares).

Este filón fue el comienzo de su gran fortuna. El segundo pedido subió a U$S 50.000 y, alentados por el éxito alcanzado por Piccardo con los cigarrillos con mezcla de tabaco griego, otras firmas se sumaron.

Los barcos que traían el tabaco no volvían a Europa vacíos, sino que llevaban pieles, granos y lana. Esta empresa le sirvió de experiencia en lo que habría de ser su gran negocio: el transporte marítimo. A los 28 años se convirtió ya en un armador.

La situación de este joven inmigrante griego había cambiado. Se codeaba con la alta sociedad porteña, concurría a todas las reuniones que los poderosos realizaban, y por supuesto no podía faltar al Jockey Club, lugar de encuentro de los ricos y famosos de aquellos tiempos.

Un día se encontró con Nicolás Mihanovich, un magnate naviero que marcaría definitivamente el rumbo a “Ari”. Con este poderoso empresario comenzó su nueva empresa, que lo llevaría a incrementar su fortuna en forma desmedida.

Así, Onassis comenzó a incursionar en un nuevo rubro: el naviero. Buenos Aires era una ciudad en donde se habían intensificado notablemente los fletes marítimos y el ojo clínico de “Ari” captó el negocio.

Su amigo Mihanovich le vendió por 20.000 dólares una flota de buques, pero a Onassis no le fue del todo bien. Una tormenta que azotó el puerto de Montevideo hundió a varias de sus naves. Tal vez con otra visión, Aristóteles Onassis, decidió vender todos sus negocios en Argentina y se trasladó a Gran Bretaña.

Su gran negocio lo hizo en los años treinta, en plena depresión. Compró a un precio bajísimo una pequeña flota de barcos canadienses que estaban parados, pero que pronto empezarían a navegar de nuevo.

Sus negocios tuvieron tanto éxito que en 1936 estaba en condiciones de construir su primer petrolero, y antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial había construido dos más en sus propios astilleros.

En la II Guerra Mundial, las bombas alemanas destruyeron buena parte de su flota, pero las compañías de seguros le pagaron por ellos mucho más de lo que costaban. Esto le valió el apodo de "El Griego de Oro", con el que, desde entonces, sería conocido.

De él se decía que su paquete de acciones era de tal magnitud, que si hubiese decidido vender todos sus títulos de golpe a finales de los años cincuenta, se hubiera tambaleado el índice Dow Jones.

Cuando hubo aumentado su flota petrolera comprando tanques estadounidenses sobrantes de la guerra, Onassis empezó a construir balleneros. Fletó el "Challenger" y no respetó las aguas jurisdiccionales de Perú y Chile, por lo que fue expulsado de ellas.

Un seguro sobre esta contingencia le proporcionó más dinero del que hubiera conseguido pescando ballenas. Repitió la operación en aguas de Noruega, obteniendo fabulosas indemnizaciones.

Después de la Guerra, Onassis estaba convencido de que el futuro de los buques petroleros estaba en unidades grandes.

Así, en 1946 compró 20 buques de 16 mil toneladas, llegando a poseer en 1975 una flota de más de 100 buques, diez de los cuales de gran carga, que totalizaba más de cien toneladas.

La operación comercial más grande del "Griego de Oro" la realizó el 20 de enero de 1954, cuando el armador firmó un contrato que prácticamente le concedía el monopolio del transporte del petróleo de Arabia Saudí.

Pero no sólo se dedicaba a esta actividad, sino que diversificaba sus inversiones, por ejemplo, era dueño de la compañía aérea griega Olympic Airways. Obtuvo luego una concesión del Principado de Mónaco para que pudieran operar las líneas aéreas griegas. Asímismo llegó a comprar el Casino de Montecarlo y sus servicios, y compró varios hoteles.

La táctica de Onassis consistía en fundar sociedades, hipotecar de inmediato sus bienes inmobiliarios y con el dinero conseguido fundar nuevas compañías.

El 15 de marzo de 1975 Aristoteles Onassis falleció en el Hospital Americano de la capital francesa, a causa de una infección broncopulmonar.

Algunas frases anecdóticas:

- “Para lograr el éxito, mantenga un aspecto bronceado, viva en un edificio elegante, aunque sea en el sótano, déjese ver en los restaurantes de moda, aunque sólo se tome una copa, y si pide prestado, pida mucho.” Aristóteles Onassis

Un periodista le preguntó una vez: “¿Qué haría si perdiera, súbitamente, todo su dinero?” . Su respuesta:

-“Conseguiría un trabajo que me permitiera ahorrar, al menos 300 dolares. Entonces me compraría un traje caro y me iría a donde estuviesen los ricos”. Aristóteles Onassis
-“El secreto de un negocio es que sepas algo que nadie mas sabe.” Aristóteles Onassis

Cuando le preguntaban cuál era el secreto de su éxito el contestaba:

-“¿Ve usted esa silla de ahí?, Pues yo la vi primero” - Aristóteles Onassis

Sin duda Aristóteles Onassis fué todo un emprendedor, no olvides leer Las 10 Claves del exito Segun el magnate griego Aristóteles Onassis

Via: agusting para clubrichdad.com

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