La historia de Marie Curie, la mujer que cambió el mundo con ciencia, valentía y determinación

26 de julio de 2021

La historia de Marie Curie, la mujer que cambió el mundo con ciencia, valentía y determinación

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Marie Curie: La mujer que revolucionó el mundo de la ciencia

En 1891, una joven polaca apasionada por la ciencia decide emigrar a Paris para poder estudiar en la universidad debido a que en su país las mujeres tenían prohibido acceder a educación superior. 20 Años más tarde, se convirtió en la primera persona en recibir dos Premios Nobel en distintas especialidades, tras revolucionar el mundo con importantes descubrimientos en los campos de la física y la química… ¿Cómo lo logró?

La protagonista de esta historia es Maria Salomea Skłodowska, más conocida como Marie Curie, quien nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, Polonia, un territorio que en aquella época era administrado por el Imperio Ruso.

Maria fue la quinta y la menor de las hijas del matrimonio de Władysław Skłodowski, un profesor de enseñanza media de Física y Matemáticas; y Bronisława Boguska, una pianista, cantante y maestra de música.

Sus padres fueron una gran influencia para ella, inculcándole el amor por el conocimiento desde muy chica.

Infancia de Marie Curie

Infancia y adolescencia de Marie Curie

Cuando Maria llegó al mundo, su familia atravesaba enormes dificultades económicas debido a que habían perdido mucho dinero en unas inversiones que no salieron como esperaban. Esto hizo que su infancia estuviera llena de limitaciones, pero esas limitaciones nunca apagaron sus ganas de aprender.

Como el territorio polaco estaba siendo invadido por el imperio ruso, los invasores buscaban adoctrinar a los locales con su lengua, creencias y costumbres, haciendo que poco a poco se fuera perdiendo la identidad cultural de Polonia. Sin embargo, María, junto con su hermana Helena, empezaron a asistir a unas clases clandestinas sobre historia y cultura polaca ofrecidas por un docente pensionado, logrando así preservar sus raíces.

El padre de Maria dirigía dos escuelas de enseñanza de Matemáticas y Física para varones, pues no era común que a las mujeres se les permitiera aprender acerca de estas disciplinas. Con todas las tensiones ruso-polacas, las autoridades rusas prohibieron la enseñanza e instrucción de laboratorios en escuelas polacas. Esto llevó al señor Skłodowski a tener que trasladar a su casa los instrumentos con los que daba clases. Al ver los instrumentos, María sintió mucha curiosidad, así que su padre decidió comenzar a enseñarle sobre ciencias.

Posteriormente, Skłodowski fue despedido de su empleo por supervisores de educación rusos debido a su patriotismo polaco, siendo obligado a realizar labores de baja remuneración. Ante la falta de dinero, decidió dar clases particulares para niños en su casa para poder generar ingresos extras.

En 1876, Sofia, hermana mayor de Maria, murió luego de contraer tifus de uno de los niños que recibían clases en su casa. Dos años más tarde, cuando Maria tenía apenas 10 años de edad, su madre falleció por tuberculosis.

Ambas tragedias fueron un duro golpe para la pequeña. A partir de allí, empezó a cuestionar su fe religiosa: su madre y su hermana habían sido católicas devotas, y aun así tuvieron muertes horribles, lo que la llevó a tomar la decisión de volverse agnóstica.

Pese a la temprana pérdida de su hermana y su madre, siguió destacándose en sus estudios. A los 15 años se graduó con honores en un instituto para niñas, siendo la mejor alumna de la clase y obteniendo una medalla de oro en matemáticas.

Luego de graduarse, tuvo un colapso por una posible depresión, al parecer causada por la ausencia de su madre y su hermana. Su padre trató de apoyarla y la envió a una campiña de unos parientes con el fin de que se distrajera y no se sintiera sola.

En 1885, regresó a Varsovia y se disponía a estudiar ciencias en un instituto de educación superior, pero esto no le fue posible porque el Imperio Ruso años atrás había prohibido que las mujeres fueran a la universidad, pues sus funciones en la sociedad estaban limitadas a las labores del cuidado del hogar.

Al no poder acceder a educación superior formal, encontró la solución en la denominada “Universidad Flotante”, una institución clandestina en la que profesores polacos impartían clases de variados temas, cambiando constantemente el lugar del encuentro para evitar ser descubiertos.

Mientras estudiaba allí, se propuso junto con su hermana Bronisława ir a París para ingresar a la Universidad de La Sorbona, que sí admitía mujeres. El plan era que Bronisława, por ser la mayor, fuera primero para estudiar medicina, mientras María se quedaba trabajando para ayudarle con sus gastos. Una vez Bronisława se estableciera, se encargaría de apoyar a María con sus gastos para que también pudiera acceder a la universidad.

Ambas estuvieron de acuerdo y pusieron en marcha el plan. Bronisława viajó a París y María consiguió un trabajo como profesora privada de Matemáticas y Física. Luego, empezó a laborar como institutriz de una familia terrateniente llamada Los Żorawski, que eran unos parientes lejanos de su padre.

En esta etapa de su vida descubrió el amor por primera vez. Ella se fijó en Kazimierz Żorawski, uno de los hijos de la familia. Lamentablemente, los padres del muchacho no aceptaron el hecho de que se involucrara con “una pariente lejana pobre”, así que los obligaron a terminar la relación. Esta relación frustrada tuvo un fuerte impacto en ambos jóvenes.

A mediados de 1890, Bronisława, quien se había casado en París con un médico y activista polaco, se comunicó con Maria para invitarla a irse a vivir con ellos. Maria rechazó en primer momento la oferta porque no contaba con los recursos para asumir sus gastos, entonces prefirió quedarse un tiempo más en Varsovia trabajando y ahorrando.

Mientras trabajaba, seguía aprendiendo por su cuenta leyendo libros, investigando e intercambiando correspondencia con parientes profesionales. También, realizó prácticas en un laboratorio químico dirigido por su primo Józef Boguski, que había sido asistente del ruso Dmitri Mendeléyev, conocido por ser el creador de la tabla periódica de los elementos.

Biografía de Marie Curie

Emigrando a París en busca de oportunidades

Para finales de 1891, la joven Maria ya había juntado lo suficiente gracias a su trabajo y a un dinero que le dio su padre, así que emprendió su viaje a la capital francesa.

Al llegar a París, en principio se hospedó donde su hermana y su cuñado, pero la universidad le quedaba bastante retirada, por lo que eventualmente se mudó a un humilde desván más cerca de su objetivo.

Una vez acomodada en su nuevo hogar, se inscribió en la Facultad de Ciencias. Aunque tenía grandes conocimientos en las áreas de matemáticas y física, tuvo que esforzarse bastante para llegar al nivel de sus compañeros debido a que no comprendía totalmente el idioma francés… y es que no es fácil llegar a un país que no conoces, a aprender algo a través de un lenguaje que también desconoces. A pesar de las dificultades, fue solo cuestión de tiempo para que se adaptara. Sus ganas de aprender eran más grandes que cualquier obstáculo en su camino.

Como dato curioso, fue en Francia donde las personas que la rodeaban dejaron de decirle “Maria” y empezaron a llamarla “Marie”, que era la derivación de su nombre original en el idioma francés. A ella le gustaba bastante, así que adoptó su nuevo nombre.

Sus profesores en la universidad en su mayoría fueron científicos reconocidos de la época, como Paul Appell, Henri Poincaré y Gabriel Lippmann.

Durante su estadía en la Universidad se dio cuenta de que había 776 estudiantes en la Facultad de Ciencias, de los cuales solo 27 eran mujeres. Las féminas que se intentaban abrir un espacio dentro del campo de las ciencias solían ser subestimadas y se enfrentaban a rechazos constantes.

No fueron tiempos fáciles para Marie. Ella carecía de recursos económicos, por lo que estudiaba en el día y debía trabajar en la noche como profesora particular. Con este empleo ganaba apenas lo suficiente para sostenerse, pero muchas veces aguantaba hambre, causando que se desmayara con frecuencia en la universidad.  El poco tiempo libre que le quedaba lo dedicaba a cumplir con sus compromisos académicos para mantener sus notas altas.

“Todo lo nuevo que veía y aprendía me deleitaba. Era como si se me hubiese abierto un nuevo mundo, el mundo de la ciencia. Al fin se me estaba permitido el conocimiento con total libertad.” -Expresó la joven.

En 1893, obtuvo su título de Licenciatura en Física. Esto le abriría las puertas para trabajar en un laboratorio industrial del profesor Lippmann. Él había visto su talento y no iba a desaprovechar la oportunidad de contar con su apoyo.

Después de haberse vinculado al laboratorio de Lippmann, inició sus estudios de Licenciatura en Matemáticas, esta vez con una beca otorgada por la Fundación Alexandrowitch.

En 1894, logró obtener su segundo título e inició su carrera científica en una investigación de las propiedades magnéticas de diversos aceros, por encargo de la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional.

Durante ese mismo año, conoció a Pierre Curie, un físico e instructor de la Escuela Superior de Física y de Química Industriales de París (ESPCI). Él se convertiría en una de las personas más importantes en su carrera y en su vida.

Ambos fueron presentados por Józef Wierusz-Kowalski, un amigo de Marie. Ella se encontraba buscando un espacio más amplio para poder trabajar. Jósef tenía conocimiento de esto y creyó que Pierre sería la solución. Aunque Pierre no contaba con un gran laboratorio, si le ayudó a gestionar uno.

El interés que ambos tenían por la ciencia los unió y se volvieron amigos rápidamente. Poco a poco comenzaron a trabajar juntos y terminaron enamorándose.

Pierre le propuso matrimonio, pero inicialmente Marie lo rechazó porque no quería renunciar a su preciada independencia. No se veía cocinando y lavando para otro, solo quería dedicarse a sus investigaciones. Además, tenía planes de regresar a Polonia para luchar por la libertad del país y le molestaba el hecho de que Pierre no fuera polaco. Él le declaró que estaba dispuesto a seguirla a donde fuera, incluso si eso significaba tener que dedicarse a enseñar francés para subsistir:

“Sería una cosa preciosa, una cosa que no me atrevería a esperar, si pudiéramos pasar nuestra vida cerca el uno del otro, hipnotizados por nuestros sueños: tu sueño patriótico, nuestro sueño humanitario y nuestro sueño científico.” –Fueron sus palabras en una carta que le escribió.

Luego de estar unos meses en Polonia, Marie regresó a París y aceptó la propuesta de Pierre.

“Fui golpeada por la expresión de su mirada clara y por la ligera apariencia de abandono de su alta estatura. Su voz, un poco lenta y reflexiva, su simplicidad, su sonrisa a la vez grave y joven, inspiraban confianza.” -Dijo refiriéndose a su futuro esposo.

La pareja contrajo matrimonio el 26 de julio 1895. Fue una boda sencilla y sin ceremonia religiosa. Solo asistieron algunos amigos y familiares, quienes les obsequiaron dinero en vez de cosas materiales. Después de terminada la ceremonia, ambos montaron en sus bicicletas para pasar su luna de miel recorriendo las carreteras de Francia.

Marie y Perre Curie

Las investigaciones de Marie Curie sobre sustancias radioactivas

El siguiente reto profesional que se propuso Marie fue conseguir un doctorado en ciencias, algo que ninguna otra mujer había logrado hasta entonces. Para hacerlo, tenía que elegir el tema de su tesis. La inspiración le llegaría a partir de dos acontecimientos de la época: el descubrimiento de los Rayos X por Wilhelm Röntgen y la observación de Henri Becquerel de que los minerales que tenían uranio emitían unos rayos de naturaleza desconocida.

Con la ayuda de su esposo, comenzó a investigar la naturaleza de las radiaciones que producían las sales de uranio. Inicialmente tenía la intención de cuantificar la capacidad de ionización emanada por la radiación de las sales de uranio, tomando como base las notas de laboratorio del físico y matemático William Thomson.

Para los experimentos empleó una técnica creada quince años antes por Pierre y su hermano Jacques Curie, quienes habían desarrollado una versión modificada del electrómetro.

A través de sus experimentos notó que la magnitud de los rayos producidos por los minerales que contenían uranio no se correlacionaba directamente con la presencia del uranio, por lo que probablemente estaban presentes otros elementos aún no determinados. También, planteó la hipótesis de que dicha radiación no era el resultado de una interacción de las moléculas, sino que provenía del propio átomo, refutando así la antigua suposición de que los átomos eran indivisibles.

En 1897, nació Irène, la primera hija de matrimonio Curie. Ante esta nueva responsabilidad, Marie se vio en la necesidad de conseguir un trabajo complementario como profesora, a la par que continuaba con sus investigaciones sobre sustancias radioactivas.

En sus experimentos incluyó minerales como Pechblenda, Torbernita y Autunita, que contienen uranio. El electrómetro mostraba que la pechblenda era cuatro veces más radiactiva que el propio uranio, pero la torbernita tuvo una lectura dos veces superior. Al observar la composición química de la torbernita, Marie especuló que solo el uranio era el elemento radiactivo en ese mineral. Para validarlo, decidió usar torbernita natural en lugar de la artificial que estaba disponible en el laboratorio y registró que la muestra sintética del mineral emitía menos radiación. Estos datos la llevaron a concluir que los dos minerales podrían contener pequeñas cantidades de otras sustancias mucho más radiactivas que el uranio. Con base en esa premisa, emprendió una búsqueda sistemática de sustancias que emitieran radiación, y, alrededor de 1898, descubrió que el Torio también era radiactivo.

Los Curie no tenían laboratorio propio y enfrentaban serios problemas financieros. La mayor parte de sus investigaciones las realizaban en un cobertizo propiedad de la Escuela Superior de Física y de Química Industriales. Dicho cobertizo, que anteriormente era una sala de disección médica de la facultad, estaba mal ventilado y no era impermeable. En esa época, no se habían asociado enfermedades a la radiación, por lo que la pareja no era consciente de los efectos nocivos de la exposición continua a sustancias radioactivas sin ninguna protección. Más adelante sufrirían terribles consecuencias a causa de ello.

Pierre se empezó a preocupar por el excesivo ritmo de trabajo que llevaban, así que le propuso a Marie que se tomaran un tiempo para descansar juntos.

Después del merecido descansado, Marie consideró que era importante publicar con prontitud sus descubrimientos para evitar que alguien más se le adelantara y poder tomar un lugar dentro de la comunidad científica.

Ella redactó un informe simple y conciso sobre su trabajo. El documento fue presentado a la Academia de Ciencias el 12 de abril de 1898 por su supervisor doctoral, el profesor Gabriel Lippmann. Lamentablemente, se encontró con la sorpresa de que dos meses atrás el químico Gerhard Carl Schmidt había presentado a la Sociedad Alemana de Física un informe sobre “la emisión radiactiva del torio similar a la del uranio”.

Aunque este suceso supuso un duro golpe para su carrera, no fue motivo para que se rindiera. Decidió enfocarse en validar su hipótesis de que la pechblenda y la torbernita podrían contener algún elemento que era mucho más activo que el uranio.

Descubrimientos de Marie Curie

El descubrimiento del Polonio y el Radio

Luego de moler y procesar toneladas de pechblenda con la ayuda de su esposo, al fin hallaron lo que estaban buscando. Se trataba de un elemento aún no conocido al que llamaron “Polonio”, en honor al país natal de Marie. Este nuevo elemento fue presentado por la pareja a través de un artículo publicado en julio de 1898.

A medida que sus investigaciones avanzaban, Marie comenzó a sufrir de inflamación de las yemas de los dedos, uno de los primeros síntomas conocidos de la “enfermedad de los rayos” que le acompañaría el resto de su vida. Hoy en día, dicha enfermedad se conoce con el nombre de “radiotoxemia” o “síndrome de irradiación aguda”.

Luego de unas vacaciones de verano, los Curie continuaron con sus investigaciones. En colaboración con el químico Gustave Bémont, obtuvieron una muestra de un elemento con una radiactividad 900 veces mayor que la del uranio.

El 26 de diciembre de 1898, anunciaron la existencia de un segundo nuevo elemento al que llamaron “Radio”, nombre derivado de un vocablo latino que significa “Rayo”. En la investigación se acuñó la palabra “Radiactividad”, término que es usado hasta la actualidad.

Para comprobar definitivamente sus descubrimientos, trataron de aislar Polonio y Radio en su forma más pura. Decidieron no utilizar la pechblenda por ser un mineral complejo cuya separación química de sus componentes era una tarea demasiado ardua. En su lugar, utilizaron una mena de bismuto y otra de bario con altos niveles de radiación. En la primera mena observaron que un elemento desconocido era químicamente similar al bismuto, pero contaba con propiedades radiactivas: El Polonio. Sin embargo, el radio fue más difícil de obtener, pues su relación química con el bario es muy fuerte y descubrieron que la pechblenda contiene ambos elementos en pequeñas proporciones.

Como las cantidades de radio que lograban extraer eran insignificantes y venían contaminadas con bario, emprendieron el trabajo de separar la sal del radio por cristalización diferencial. De una tonelada de pechblenda, extrajeron un decigramo de cloruro de radio. Con ese material, pudieron determinar la masa atómica del elemento de manera más precisa. También, estudiaron la radiación emitida por el radio y el polonio e indicaron, entre otras cosas, que estos poseen brillo radiactivo, que las sales de radio emiten calor, tienen un color parecido a la porcelana y el vidrio, y que la radiación producida atraviesa el aire y el cuerpo hasta convertir el oxígeno molecular en ozono.

Los descubrimientos no terminaron ahí. Posteriormente, Pierre investigó los efectos del radio sobre su piel y notó que producía una quemadura que evolucionaba rápidamente a herida. Estas investigaciones conllevaron al uso del radio en el tratamiento de tumores malignos, naciendo así la “Curieterapia”, posteriormente llamada “Radioterapia”.

A pesar de la gran envergadura de sus hallazgos, los Curie continuaban viviendo en condiciones muy modestas y estaban frente a un gran dilema: ¿Patentaban su descubrimiento para asegurarse un buen sustento económico de por vida o bien publicaban sus resultados para que cualquiera que quisiese seguir investigando pudiese hacerlo? Se miraron a los ojos y optaron por entregar su conocimiento para beneficio de la humanidad.

“Los físicos siempre publican el resultado completo de sus investigaciones. Si nuestro descubrimiento tiene posibilidades comerciales, será una circunstancia de la cual no debemos sacar partido. Además, el radio se va a emplear para combatir una enfermedad. Sería imposible aprovecharnos de eso… Sería contrario al espíritu científico.” –Dijo Marie en una conversación con su esposo.

Entre 1898 y 1902, publicaron un total de 32 trabajos científicos en los que se detallaban los resultados de sus investigaciones y experimentos, marcando así el inicio de una nueva era en el mundo de la ciencia.

La fama de los nuevos y desconocidos elementos radioactivos se expandió rápidamente y llegó hasta la industria. Se comenzaron a comercializar pastas dentales, cremas, polvos de maquillaje, pintalabios y muchos otros productos y tratamientos a base de elementos radiactivos que afirmaban tener propiedades curativas o rejuvenecedoras. Este uso inapropiado de la radiación multiplicaría los casos de cáncer entre los consumidores de dichos productos, por lo que para finales de la década de 1920 las instituciones de regulación médica decidirían prohibir la utilización de cualquier elemento radiactivo en la elaboración de productos de uso personal.

Logros de Marie Curie

Logros y retos de una mujer haciendo ciencia en una sociedad machista

En 1900, Marie se convirtió en la primera mujer en ser nombrada profesora en la Escuela Normal Superior, y Pierre empezó a trabajar como profesor en la Universidad de París. El arduo trabajo de esta pareja de científicos comenzaba a rendir sus frutos.

En los siguientes años, recibieron importantes reconocimientos por sus aportes a la ciencia, como “El Prix Gegner”, “El prix La Caze” y “La Medalla Davy”, entre otros. Además, Marie obtuvo su doctorado junto con una mención “Cum Laude” por su destacado nivel académico.

Pese al enorme talento y genialidad que había mostrado Marie en múltiples ocasiones, a la sociedad le costaba reconocer que una mujer estuviera a cargo de tan importantes investigaciones. En una ocasión, la Real Institución de Gran Bretaña invitó a los Curie a dar un discurso sobre radioactividad, sin embargo, a Marie no se le permitió hablar por el solo hecho de ser mujer.

Luego, en 1903, la Real Academia de las Ciencias de Suecia galardonó a Pierre Curie y a Henri Becquerel con el Premio Nobel de Física en reconocimiento por sus investigaciones sobre los fenómenos de radiación. Sorprendentemente, Marie no había sido tenida en cuenta en un comienzo porque se dudaba que una mujer tuviera un rol protagónico dentro de la investigación.

Ante esta situación, Pierre dijo que rechazaría el premio si no se reconocía también el trabajo de su esposa. Finalmente, la Real Academia de las Ciencias de Suecia decidió incluirla y Marie Curie se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Física.

Gracias a estos premios y reconocimientos, la pareja logró conseguir apoyo y financiación de diversas instituciones para continuar con sus proyectos.

Mientras la carrera profesional de la pareja iba en ascenso, su salud seguía deteriorándose como consecuencia de la constante exposición a la radiación, haciendo que se sintieran débiles y experimentaran constantes mareos.

En diciembre de 1904, nació Ève, la segunda hija del matrimonio Curie. Años después, Marie contrató institutrices polacas para enseñar a sus hijas su lengua materna. También, solía llevarlas de visita a Polonia para que conocieran sus orígenes. Siempre tuvo un fuerte sentido patriótico y quería que sus hijas mantuvieran la identidad cultural de su país.

El 19 de abril de 1906, sucedió una tragedia. Pierre Curie murió en un accidente mientras caminaba bajo la intensa lluvia por la calle Rue Dauphine. El reconocido científico fue golpeado por un carruaje tirado por caballos y cayó bajo las ruedas, lo que le produjo una fractura mortal en el cráneo. Marie quedó devastada.

El Gobierno francés propuso que se le concediera una pensión vitalicia para ayudarla, pero ella rechazó la propuesta de forma contundente:

“No quiero una pensión. Soy joven todavía y capaz de ganar la vida para mí y para mis hijas.” –Fue su respuesta.

Durante los años siguientes sufrió depresión y encontró apoyo en la familia de Pierre. Fue una etapa muy dura de su vida, pero tuvo la fortaleza para reponerse y seguir adelante con el trabajo que inició junto a su difunto esposo.

Con la muerte de Pierre, el Departamento de Física de la Universidad de París le ofreció a Marie el puesto que había sido creado para su esposo. Ella aceptó con la esperanza de crear un laboratorio de categoría mundial como un homenaje a la labor científica de Pierre. Fue la primera mujer en ocupar el puesto de profesora en dicha universidad​ y la primera directora de un laboratorio en la institución. Gracias a Marie se comenzaron a eliminar las restricciones de género en la contratación de personal académico en la universidad, abriéndole así las puertas a decenas de mujeres en las siguientes décadas.

El laboratorio fundado por Marie fue bautizado como “Instituto del radio”, conocido en la actualidad como “Instituto Curie”.

Instituto Curie - Historia

La primera persona en recibir dos Premios Nobel en distintas especialidades

En 1910, asistida por el químico André-Louis Debierne, pudo obtener un gramo de radio puro. También, definió un estándar internacional para las emisiones radiactivas que, años después, sería nombrado “Curio” en su honor.

Para ese entonces, Marie ya era miembro de organizaciones de gran reconocimiento dentro del campo de la ciencia, tales como la Academia de Ciencias de Suecia, la Academia de Ciencias de República Checa, la Academia de Ciencias de Polonia, la Sociedad Filosófica Estadounidense y la Academia Imperial de San Petersburgo, entre muchas otras; sin embargo, no pudo pertenecer a la Academia de Ciencias de Francia. Su candidatura no fue aceptada por uno o dos votos. La prensa derechista francesa se pronunció al respecto acusándola de no ser digna del reconocimiento por ser mujer, extranjera y atea.

Aunque era una científica famosa por su trabajo en pro de Francia, la actitud del público hacia Marie tendía a la xenofobia. Su hija Irène declaró que consideraba un acto hipócrita que la prensa retratara a su madre como una extranjera indigna para un honor francés, cuando ella había ganado el premio Nobel en nombre de Francia.

En 1911, la prensa reveló que, tras la muerte de su esposo, Marie había sostenido un breve romance con el físico Paul Langevin, un antiguo estudiante de Pierre que estaba casado, aunque se había separado de su mujer meses antes. Curie y Langevin se reunían en un apartamento alquilado. La esposa de Langevin se dio cuenta y amenazó de muerte a Marie. ​ En agosto de ese año, la mujer de Langevin solicitó el divorcio y demandó a su marido por mantener “relaciones sexuales con una concubina en el domicilio conyugal”. Esto dio lugar a un escándalo periodístico que fue aprovechado por adversarios académicos de la reconocida científica para manchar su imagen. En los tabloides la tachaban de ser una “rompehogares judía extranjera”.​ Cuando se desató el escándalo, estaba en una conferencia en Bélgica; a su regreso, se encontró con una muchedumbre enfurecida en frente de su casa y tuvo que refugiarse con sus hijas en casa de una amiga.

Mientras la prensa y sus rivales buscaban desacreditarla atacando su vida personal, a nivel internacional su reconocimiento seguía creciendo. La Academia de las Ciencias Sueca la galardonó con el Premio Nobel de Química de 1911 por el descubrimiento del radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento. Sin embargo, la polémica desatada por la prensa fue tal, que la Academia le sugirió que no se presentara a reclamar el premio. Ella respondió a través de una carta con las siguientes palabras:

“Lo que me proponen sería un grave error de mi parte. En realidad, el Premio ha sido concedido por el descubrimiento del radio y el polonio. Creo que no hay relación alguna entre mi trabajo científico y los hechos de la vida privada.”

Marie Curie se convirtió en la primera persona en recibir dos Premios Nobel en distintas especialidades. La prensa francesa apenas cubrió el evento.

Un mes después de aceptar el premio, fue hospitalizada por depresión y una dolencia renal que fue intervenida quirúrgicamente. En la mayor parte de 1912 evitó las apariciones públicas. Viajó con sus hijas bajo seudónimos y pidió a amigos y familiares que no dieran información sobre su paradero. Pasó tiempo en Inglaterra con una amiga y colega, la física Hertha Marks Ayrton. Volvió a su laboratorio en diciembre, después de una pausa de unos 14 meses.

En 1913, mejoró de su salud y pudo explorar las propiedades de la radiación del radio a bajas temperaturas con el físico Heike Kamerlingh Onnes. En marzo de ese año, recibió la visita de Albert Einstein, con quien realizó una excursión de verano en la Engadina suiza. En octubre, participó en el Segundo Congreso Solvay.

Para 1914, estaba pensado inaugurarse el Instituto del radio, pero los planes de Marie se verían afectados por el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Marie Curie en la Primera Guerra Mundial

El importante rol de Marie Curie en la Primera Guerra Mundial

Tras el estallido del enfrentamiento bélico, envío a sus hijas Irène (de 17 años) y Ève (de 10 años) a la ciudad de L’Arcouest, para que cuidaran de ellas unos amigos de su madre. Eventualmente, Irène regresaría al lado de su madre y jugaría un importante papel en la guerra.

Marie permaneció en París custodiando el Instituto y las muestras de radio. El Gobierno consideró que los bienes del Instituto del Radio eran un tesoro nacional y que debían protegerlos, por lo que el laboratorio fue trasladado temporalmente a Burdeos.

Como no pudo servir a Polonia, la científica decidió colaborar con Francia. intentó vender sus medallas de oro del premio Nobel para contribuir con las actividades bélicas, pero el Banco de Francia se rehusó aceptarlas, por lo que tuvo que comprar bonos de guerra con el dinero de sus premios.

“Voy a renunciar al poco oro que poseo. A esto añadiré las medallas científicas, que me son inútiles. Hay algo más: por pura pereza había permitido que el dinero de mi segundo premio Nobel se quedara en Estocolmo en coronas suecas. Esa es la cantidad principal de lo que poseemos. Me gustaría traerlo aquí e invertirlo en préstamos de guerra. El Estado lo necesita. Solo que no tengo ilusiones: ese dinero probablemente se perderá.” -Fueron sus palabras.

Durante el conflicto, los hospitales de campaña carecían de personal experimentado y máquinas de rayos X apropiadas, así que Marie propuso el uso de la radiografía móvil cerca de las líneas del frente para ayudar a los cirujanos del campo de batalla. Aseguró que los soldados heridos estarían mejor atendidos si los cirujanos contaban a tiempo con las placas radiográficas.

Después de realizar rápidos estudios de radiología, anatomía y mecánica automotriz, adquirió equipos de rayos X, vehículos y generadores auxiliares, y diseñó unas unidades móviles de radiografía a las que llamó “Ambulancias Radiológicas”, pero que llegaron a ser conocidas posteriormente como las “Petit Curie”. También, se convirtió en la directora del Servicio de Radiología de la Cruz Roja Francesa y creó el primer centro de radiología militar de Francia.

Con la ayuda de su hija Irène y un médico militar, dirigió la instalación de veinte unidades móviles de radiografía y otras doscientas unidades radiológicas en los hospitales provisionales en el primer año de la guerra. Más tarde, comenzó a instruir a otras mujeres como ayudantes y se convirtió en una de las primeras mujeres en obtener una licencia de conducción, pues la solicitó para manejar personalmente las unidades móviles de rayos X.

En 1915, produjo cánulas que contenían “emanaciones de radio”, un gas incoloro y radiactivo que posteriormente sería identificado como “Radón” y que se utilizaba para la esterilización de tejidos infectados.

Se estima que más de 1 millón de soldados heridos fueron tratados con sus unidades de rayos X. Ocupada con este trabajo, hizo poca investigación científica durante este período.

Aunque sus contribuciones humanitarias a los esfuerzos bélicos de los franceses fueron de gran importancia, nunca recibió en vida reconocimiento formal por parte del Gobierno.

Después de la guerra, se reanudaron las labores de construcción del Instituto del radio, el cual fue fundado oficialmente en 1920. A través de él se han realizado importantes investigaciones relacionadas con radiactividad y tratamiento del cáncer.

En 1921, Marie publicó un libro titulado: “Radiología y Guerra”, en el que resumía sus experiencias en la Primera Guerra Mundial.

En 1922, se convirtió en miembro de la Comisión Internacional para la Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, además de ingresar a la Academia Nacional de Medicina de Francia.

En 1923, publicó una biografía de su esposo fallecido, titulada: “Pierre Curie”.

En 1925, visitó Polonia para participar en la ceremonia de colocación de la primera piedra del Instituto del Radio en Varsovia, que sería inaugurado en 1932.

En 1930, se convirtió en miembro del Comité Internacional de Pesos Atómicos de la IUPAC.

Pese a su descomunal éxito, siempre ostentó un estilo de vida sencillo. La mayor parte del dinero que ganó con sus reconocimientos lo donó a sus familiares, amigos y a instituciones de investigación. El dinero nunca fue su motivación.

Legado y aportes de Marie Curie

Muerte, legado y aportes de Marie Curie

Luego de décadas dedicada a la ciencia, Marie Curie falleció el 4 de junio de 1934 a la edad de 66 años en Passy, Francia, a causa de una anemia aplásica ocasionada por las radiaciones a las que estuvo expuesta en sus investigaciones. Se dice que incluso dormía con una ampolla de sales de radio en la cabecera de su cama. Le encantaba verlo brillar. El médico que la atendió en los últimos momentos de su vida dijo que era un verdadero milagro que viviera tanto tiempo en esas condiciones. Más de 100 años después, muchos de sus objetos personales, incluyendo la ropa, muebles, libros y las notas de laboratorio, siguen estando contaminados por la radiación.

Marie fue enterrada junto a Pierre en el cementerio Sceaux, ubicado al sur de París.

“La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones.” –Afirmaba la exitosa científica.

El 20 de abril 1995, los restos de los Curie fueron trasladados al Panteón de París, siendo Marie la primera mujer en ser enterrada allí por méritos propios.

Aunque su vida fue relativamente corta, dejo un legado invaluable que perdura hasta nuestros días. Se le considera como una de las científicas más importantes de todos los tiempos por sus significativos aportes al desarrollo de la humanidad entre los siglos XIX y XX. Sus descubrimientos han sido la base de importantes avances en los campos de la física, química y medicina. Además, su lucha en una sociedad dominada por el machismo se convirtió en un símbolo del empoderamiento femenino que derribaría múltiples estereotipos de la época y abriría paso a nuevas oportunidades para mujeres de las siguientes generaciones.

Paradójicamente, sus descubrimientos, que tanto han aportado al desarrollo de la humanidad, también contribuyeron a la creación del arma más mortífera construida hasta la fecha: la bomba atómica, un arma que podría incluso poner fin a nuestra propia existencia. Aquí la conclusión es que el conocimiento es el mayor poder que tiene nuestra especie, pero éste no es bueno o malo per sé, sino que, dependiendo del uso que se le dé, puede extender la vida o extinguirla.

En 1935, un año después del fallecimiento de su madre, Iréne, la hija mayor de los Curie, obtuvo un Premio Nobel de Química junto a su marido, Frédéric Joliot, por el descubrimiento de la radiación artificial. Al recibir el premio, pronunció un discurso en defensa de los derechos de las mujeres, pues durante toda su vida participó activamente en la lucha por la igualdad de género.

Éve, la segunda hija del matrimonio Curie, no vería su futuro en la ciencia, sino en el periodismo y en el activismo social. Ella escribió en 1937 una biografía de su madre titulada “Madame Curie”, que se publicó simultáneamente en Francia, Inglaterra, Italia, España, Estados Unidos y otros países, siendo un éxito total en ventas e inspirando futuras producciones como “Madame Curie”, una película dirigida por Mervyn LeRoy que se estrenó en 1943.

En el 2020, se estrenó una nueva película sobre su vida: “Radioactive”, conocida en español como “Madame Curie”, que fue dirigida por Marjane Satrapi y contó con las participaciones de Rosamund Pike como Marie Curie, Sam Riley como Pierre Curie y Anya Taylor-Joy como Irène Curie.

Así concluimos la fascinante historia de Maria Salomea Skłodowska, o Marie Curie, una osada científica que no conoció limites en su camino y que luchó incansablemente por lograr todo lo que se propuso, liderando una de las más importantes revoluciones en el mundo de la ciencia, derribando estereotipos de la época y convirtiéndose en un referente para nuevas generaciones de científicos que hoy se inspiran en su vida y obra. En sus propias palabras:

“La vida no es fácil para ninguno de nosotros, pero… ¡Qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo. Debemos creer que estamos dotados para hacer algo y que ese algo hay que lograrlo, cueste lo que cueste.”

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