Este chico tiene apenas 9 años y creó una empresa exitosa en medio de la pandemia

28 de marzo de 2022

Este chico tiene apenas 9 años y creó una empresa exitosa en medio de la pandemia

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En el año 2020, un chico de apenas 8 años de edad aburrido por las medidas de confinamiento adoptadas por la pandemia, decidió comenzar a fabricar jabones naturales desde casa con ayuda de sus padres. Un año más tarde, ese chico consiguió el apoyo de cinco prestigiosos inversionistas y llevó a su empresa a vender más de 300 jabones por mes… ¿Cómo lo logró?

La historia de Samuel Grajales Pineda, fundador de Buki Burbujas

El protagonista de esta historia es Samuel Grajales Pineda, quien nació el 11 de abril del 2012 en Medellín, Colombia.

Desde temprana edad, Samuel se caracterizó por ser un niño muy enérgico y que iba a un ritmo más rápido que sus compañeros de escuela, por esta razón sus profesores les sugirieron a sus padres que optaran por un modelo educativo diferente al de la escuela tradicional. Los padres siguieron la recomendación e inscribieron al pequeño en una institución virtual en la que podría aprender de forma autodidacta y a su propio ritmo.

Esta decisión significó un profundo cambio de paradigma para Samuel, pues ya no tenía que limitarse a aprender lo que sus profesores iban a enseñarle según el plan de estudios de la escuela, sino que podía investigar por su cuenta acerca de todos aquellos temas que le apasionaban.

Encontrando oportunidades en medio de la crisis

Su vida como emprendedor comenzó en el año 2020, justo cuando se pusieron en marcha las medidas de aislamiento social para hacer frente a la Pandemia de la COVID-19.

Samuel, con 8 años de edad y aburrido por tener que estar todo el día en casa sin poder salir a jugar con sus amigos, le comentó a su madre que quería iniciar un negocio para ganar su propio dinero.

Luego de mucho insistir, su madre, Lorena Pineda, accedió a ayudarlo y comenzó a investigar diferentes alternativas de negocios que pudiese gestionar un niño de su edad.

Entre las ideas que le propuso al pequeño se encontraban la venta de juguetes, encargarse del cuidado del jardín y pasear perros, pero la idea que más le llamó la atención fue la de fabricar jabones artesanales, pues consideraba que era una gran oportunidad teniendo en cuenta que la pandemia había hecho que las personas se preocuparan más por el lavado de sus manos.

Lleno de determinación, buscó en Internet tutoriales para fabricar jabones naturales y le pidió ayuda a sus padres para conseguir los materiales que necesitaba. Su padre, Johny Grajales, lo apoyó con un capital de $300 mil pesos colombianos, equivalentes a unos $80 dólares estadounidenses, para la inversión inicial en insumos y en materia prima.

Como ya estaba acostumbrado a aprender de forma autodidacta, no tuvo problemas para seguir los tutoriales y al cabo de pocos días ya había conseguido fabricar sus primeros jabones a base de glicerina 100% natural.

En su investigación, encontró que era común poner dentro de los jabones naturales una hoja de manzanilla o de romero, entonces se le ocurrió una idea sencilla, pero brillante: reemplazar esa hoja por un juguete, así lograba que su producto fuese más atractivo entre el público infantil y ayudaba a los padres con la ardua labor de motivar el lavado de manos en sus hijos.

“En pandemia descubrí que era muy importante el lavado de manos, pero que muchos niños no tenían ese hábito saludable, entonces es necesario ayudarlos a que lo hagan. De ahí nace la idea del juguete interno, porque los motiva a lavarse las manos.” -Dijo Samuel en una entrevista.

Luego de varias semanas de investigación y experimentación, finalmente decidió lanzar su producto al mercado con el nombre de Buki Burbujas.

Para bautizar su empresa tomó como inspiración el nombre de sus mascotas: “Bu”, porque tuvo un hámster al que le decía Bunny; y “Ki”, por su perrita Kira, de allí la palabra “Buki”.

Con el producto listo y el nombre definido, Samuel empezó a comercializar los jabones a través de redes sociales y entre familiares y amigos, quienes quedaban fascinados por su agradable aroma y por sus divertidas figuras en forma de animales como mariposas, osos y hasta dinosaurios.

Gracias a esta estrategia de comercialización, logró vender más de 800 jabones en aproximadamente seis meses. Una cifra realmente interesante, pero no suficiente para él… él quería mucho más:

“Mi meta es ver muchos niños sanos y felices que lavan sus manos con Buki Burbujas. Quiero ver muchos camiones distribuyendo Buki Burbujas y haciendo muy felices a todos los niños.” -Fueron sus palabras.
Tiene apenas 9 años y creó una empresa exitosa

Llevando su emprendimiento al siguiente nivel

Guiado por su ambición, Samuel aceptó una invitación que le hicieron a participar en el popular programa Shark Tank. Allí tendría la oportunidad de presentar su negocio frente a cinco experimentados inversionistas.

Su objetivo era recaudar $27 millones de pesos colombianos, equivalentes a unos $7 mil dólares estadounidenses, para invertirlos en la formalización de su empresa, en la mejora del producto y en la tecnificación del proceso de producción. A cambio del dinero, ofrecía el 25% de su empresa.

El chico habló con tal propiedad y confianza, que terminó convenciendo a los cinco inversionistas de entrar a su proyecto.

Una vez recibió el dinero, procedió a gestionar las licencias necesarias para su empresa y subcontrató una fábrica para ampliar su capacidad de producción. También, invirtió en mejorar sus empaques y en moldes con sus propios diseños, pues hasta el momento había utilizado moldes con diseños genéricos.

Estas inversiones, además de la difusión que consiguió gracias a la participación en Shark Tank y a entrevistas que le realizaron para diversos medios, impulsaron fuertemente la empresa de Samuel, que comenzó a recibir pedidos desde varias ciudades de Colombia y hasta de otros países.

Los retos de un joven emprendedor

Actualmente, Buki Burbujas se encuentra en fase de consolidación y expansión. En promedio, está vendiendo unos 300 jabones cada mes y ha desarrollado nuevos productos, como toallas y jaboneras con diseños divertidos. La empresa vende a través de redes sociales, desde su sitio web y en tres tiendas físicas: una miscelánea ubicada en la ciudad de Medellín; una farmacia del municipio de Envigado; y un almacén en el municipio de Garagoa.

Samuel, por su parte, tiene 9 años, se encuentra cursando quinto de primaria y día a día trabaja con gran convicción en su empresa. Pesé a ser tan joven, es muy disciplinado con sus finanzas y tiene claro que quiere dedicarse al mundo empresarial para generar empleo para muchas personas. En sus ratos libres participa en ferias de emprendimiento y asiste a colegios para compartir su experiencia e inspirar a otros niños. Como meta, se ha planteado llevar a sus padres con todo pago a conocer la isla de San Andrés, y, a futuro, quiere estudiar ingeniería industrial para seguir desarrollando productos innovadores que hagan del mundo un lugar mejor.

Así concluimos la inspiradora historia de Samuel Grajales Pineda, un chico curioso, creativo y apasionado que encontró en una crisis global una gran oportunidad para emprender y generar un impacto positivo en su entorno. Un chico que nos demuestra que para emprender no hay edad específica, pues lo que se necesita es identificar un problema significativo, generar una solución efectiva y tomar acción con mucha convicción y determinación. En sus propias palabras:

“Con el tiempo me he dado cuenta de que los ingresos no son lo más importante, en realidad lo que estoy haciendo es ayudando a salvar las vidas a los niños porque una de las principales causas de hospitalización infantil es por las llamadas enfermedades evitables, que son producidas por la falta del lavado de manos… Para mí, emprender es hacer algo que te guste y que beneficie tanto a la gente como a ti.”

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1 comentarios:

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Karen delete 30 de marzo de 2022, 18:32

Interesante historia, es impresionante ver como un niño a tan corta edad pudo lograr crear un negocio propio tan solo utilizando su ingenio y lógicamente recibiendo el apoyo de sus padres. Comprobando que cuando se quiere se puede, y es precisamente lo que se propuso el niño desde un principio.

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